Durante años, el trabajo del diseño se ha enfocado únicamente en tratar de mejorar la estética y la funcionalidad de los productos. Ejemplos clásicos de ello son los diseños del iPod de Apple o la silla Aeron de Herman Miller.

Sin embargo, en los últimos tiempos estamos viendo cómo las nuevas necesidades están llevando a los profesionales a ampliar este enfoque y abordar el diseño de productos, servicios y procesos desde un punto de vista absolutamente sistémico. Los profesionales del diseño, la ingeniería y el medio ambiente, comienzan ya a tomar decisiones que incorporan criterios de “ecoinnovación” en productos y procesos con la misma trascendencia con la que hasta ahora se incorporaban criterios funcionales, estéticos, económicos, ergonómicos, etc.

En torno a esta visión sistémica del proceso del diseño, la consultora Idea de Tim Brown en los años 70 introdujo el concepto Design Thinking que pretende aplicar el pensamiento de los diseñadores estructurado en 5 fases a cualquier proceso de innovación centrado en el usuario, pues, tal y como ocurre en la sociología o etnografía, observando al usuario es cómo se pueden identificar realmente sus necesidades latentes y diseñar en base a ello.

Lo más novedoso del Design Thinking es, sin duda, su aplicación a otros ámbitos, por ejemplo, a la resolución de problemas de negocio o a la gestión de la innovación estratégica o a la ecoinnovación social.

Las empresas que implantan en su cultura este “pensamiento del diseño” o Design Thinking pueden llegar a ser a ser más innovadoras, diferenciar mejor su marca, y llevar sus productos y servicios al mercado más rápidamente. Las organizaciones sin ánimo de lucro también se benefician del Design Thinking pues a través de esta metodología es posible desarrollar mejores soluciones a problemas sociales y ambientales superando las tradicionales barreras entre el sector público, privado y tercer sector. También, al trabajar en estrecha colaboración con los clientes y consumidores, el Design Thinking permite encontrar soluciones de alto impacto desde abajo en lugar de ser impuestas desde arriba.

Si llevamos esta teoría y esta creatividad a la resolución de problemas ambientales y sociales reales, sin duda podemos diseñar modelos de gestión de la ecoinnovación aplicados al diseño/rediseño de nuevos productos y servicios (eco-diseño), la optimización de los procesos productivos y a la mejora de los procedimientos de gestión empresarial, dando lugar a modelos de negocios sostenibles basados en metodologías triple impacto que buscan equilibrio entre las llamadas 3Ps: People, Profit & Planet.


Fuentes:

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